Hay una parte de cocinar que nadie echa de menos: los veinte minutos de pie delante del fuego moviendo la cuchara para que la bechamel no se agarre. Llevo tres semanas cediendo ese trabajo a un aparato de plástico gris del tamaño de un salero, con tres patas y dos pilas AA dentro. Se llama AutoMix y, sinceramente, no esperaba usarlo más de dos días.
El planteamiento es simple hasta el descaro: lo apoyas en el fondo del recipiente, pulsas el botón y sus patas empiezan a girar arrastrando el líquido. No calienta, no corta, no tritura. Solo remueve, de forma constante y sin cansarse, mientras tú picas, recoges o atiendes el teléfono.
Qué hace bien
Lo primero que noté fue la ausencia de salpicaduras. Al mover el líquido desde abajo y a velocidad moderada, no hay burbujas que estallen ni gotas de tomate en la camiseta. Lo segundo, que el fondo deja de ser un problema: la crema de calabaza espesa, que siempre se me pegaba en el centro, salió limpia sin rascar nada.
- Materiales resistentes al calor y plástico de grado alimenticio.
- Patas de silicona blandas: no marcan el antiadherente.
- Funciona con dos pilas AA estándar, sin cables ni base.
- Se desmonta y se enjuaga en unos segundos bajo el grifo.
¿Cansada de remover a mano?
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«Lo dejé a velocidad baja mientras montaba los canelones. Ni un grumo, y por primera vez no acabé con el brazo dormido.»
«Aquí hay que seguir presente para añadir el caldo, pero el movimiento continuo suelta el almidón mejor que mi muñeca a los quince minutos.»
«El momento crítico de siempre. Fuego bajo, AutoMix en marcha y ni rastro de huevo cuajado en el fondo.»

Qué no hace
Conviene ser honesta: no es una batidora ni un robot de cocina. No emulsiona una mayonesa, no bate claras a punto de nieve y no sustituye la vigilancia del fuego. En guisos muy densos, con trozos grandes de patata, pierde eficacia y hay que dar un empujón con la cuchara. Tampoco es sumergible: el cuerpo con las pilas se limpia con un paño húmedo.
Con esas limitaciones claras, sigue siendo el utensilio que más he usado este mes. Por lo que cuesta en oferta, resuelve una tarea concreta —remover sin descanso— mejor que cualquier cuchara de madera de mi cajón.

